EL FRUTO DEL ESPIRITU: PACIENCIA

“El Fruto del Espíritu es Paciencia...” Galatas 5:22ª
Seguramente usted ha escuchado esta oración que es muy popular: ¡“Señor dame paciencia”! Esto refleja de cómo vivimos en nuestra cultura contemporánea, con los alimentos instantáneos, los programas de televisión de 30 minutos, mini cursos, cámaras instantáneas, carriles expresos en las autopistas, aviones concordes, constantemente nos hacen ver que todo se puede hacer rápidamente. Sin embargo, Dios quiere enseñarnos a saber esperar. La Biblia esta llena de muchas ilustraciones que nos instruyen a vivir el fruto del Espíritu: Paciencia.
Alguien ha definido la paciencia como contener largamente una reacción antes de dar lugar a la acción o pasión. Otro dijo que es la restricción propia que no se desquita apresuradamente del mal o de la ofensa sufrida. También se define como la resistencia que soporta la injuria y las obras malas sin ser provocada la ira o la venganza. Ahora bien, si hay una cualidad que necesitamos en nuestra vida hoy es la paciencia que es la mas difícil de aprender de todas las virtudes porque en nuestra era hemos hecho de la velocidad un dios. Todo tiene que ser instantáneo, a como de lugar.
Observemos que este fruto de la paciencia se encuentra en el carácter mismo de Dios y es ahí donde radica la fuente para nuestras vidas. Cuando se usa la palabra paciencia en referencia a Dios , “makrothumia” es traducido a menudo "perseverante" o "lento para la ira." El mayor factor sobre esta palabra es que "describe el carácter de Dios mismo. Es un atributo de Dios" El Señor se dio a conocer a Moisés, diciéndole: "¡Jehová! ¡Jehová! Fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad" (Éxodo 34:6). Esta frase puede ser vista en los Salmos: "Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad" (Salmo 86:15; 103:8; 145:8).
Siendo un Dios de paciencia, o sea, lento para la ira, el Señor estuvo siempre listo para ofrecer perdón e impartir Su gracia sobre su pueblo. El Dios majestuoso y omnipotente lleno de amor refrena su ira justa y ofrece perdón a todo aquel que se arrepienta y acepte Su gracia.
Este énfasis continúa en el Nuevo Testamento, Pedro dice, "Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación" (2 Pedro 3:15). Por tanto, la paciencia de Dios o lentitud en liberar su ira, no es a causa de clemencia o indisposición a actuar. Más bien, su paciencia es una oportunidad para que Sus hijos se arrepientan y confíen en el Salvador. En su paciencia, el Padre espera, no deseando que ninguna alma perezca, sino que todas vengan al Salvador y confíen en Él.
¿Cómo podemos hablar de la paciencia de Dios y la paciencia del hombre al mismo tiempo? Es porque Él es la fuente de esta virtud. Nosotros no desarrollamos paciencia de manera natural. Él la hace crecer dentro del corazón confiado y obediente. Recordemos lo que Jesús dice:“El Espíritu tomara de lo mío y lo hará saber”Juan 16:15. Una vida llena del Espíritu Santo resulta en una vida paciente ante las adversidades de la vida






